El derecho al territorio, al agua y el rechazo al extractivismo en el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias Sexuales

Por Mariángeles Guerrero, Tierra Viva
El 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias Sexuales se realizó en Córdoba, Argentina. La soberanía alimentaria fue uno de los ejes de debate. “Algunos reaccionarios han dicho que las feministas nos pasamos tres pueblos. Creo que tenemos que redoblar la apuesta y pasarnos diez”, afirma Lidia Furlani, de la UTT. El derecho al territorio, al agua y el rechazo al extractivismo.
De todas las provincias, del campo y de la ciudad, llegan mujeres, lesbianas, travestis, trans. Viajan hace 40 años para encontrarse. Para compartir con otras lo que viven cotidianamente en sus territorios, para aprender de otras experiencias, para contar las propias. Este año, el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries se realizó el fin de semana pasado en Córdoba capital. Los temas a debatir se organizaron por ejes. En el Eje Soberanía, la soberanía alimentaria tuvo su propio taller. Carina Vallejo, de la Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra (UTT) de Santiago del Estero rescata “la fuerza de poner en común nuestras realidades y darte cuenta de que no estás sola”.
Y añade: ”Poder encontrarnos, escucharnos y ver que las problemáticas del agua, la tierra y el modelo de producción nos atraviesan a todas por igual en distintos puntos del país nos fortalece muchísimo. Nos permite salir del aislamiento del interior y llevar nuestras voces comunitarias a debates colectivos y asambleas de mujeres”.
Dhanna Moyano es travesti, productora caprina en Luján de Cuyo (Mendoza), integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena-Somos Tierra (MNCI-ST) y representante de Argentina en la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) – Vía Campesina. Fue una de las participantes del Encuentro y señala que la masividad que tuvo es una muestra del enojo que hay hacia el Gobierno. “Hemos tenido travesticidios, femicidios, ventas de nuestras tierras. Hoy estamos defendiendo la soberanía alimentaria porque es preocupante para nuestros cuerpos y cuerpas en todo el país. Este 15 de octubre tenemos que salir a defender que no nos vendan las tierras, porque venderlas es despojar a las familias campesinas, a las comunidades indígenas y al colectivo de la diversidad que está retomando ese camino”, denuncia.
Y agrega: “Nos abrazamos, lloramos, porque estamos mal en todo el país pero también estamos dando una gran lucha por un país soberano, libre y con igualdad de derechos para todos y para todas”.
Subraya que las diversidades sexuales son parte de la lucha campesina porque es un proyecto de vida concreto para ellas. “El Estado dice que las travestis nos morimos entre los 35 y 40 años por la calidad de vida que llevamos. Volver al campo implica que esa calidad de vida aumenta, porque es una vida más sana, más saludable”, explica.
Ante el desmantelamiento de las políticas para la agricultura familiar y las políticas de género, la presencia de la realidad campesina en los debates feministas se vuelve urgente. En este Encuentro, por primera vez la UTT, el MNCI-ST y el Movimiento Nacional Campesino Indígena marcharon en una misma columna, representando a las organizaciones campesinas.
Carolina Llorens, del MNCI-ST y del Movimiento Campesino de Córdoba (MCC) remarca “la potencia política que tenemos los feminismos de articular luchas ante un horizonte tan fragmentado y sembrar semillas de esperanza y de organización”. Y apunta que ese es el rol que tienen los feminismos campesinos, indígenas y populares. Y que los encuentros son un espacio potenciador de esa presencia política, del protagonismo de las mujeres y las diversidades.
Graciela Salto vive a 60 kilómetros de la localidad de Quimilí (departamento Moreno, al este de Santiago del Estero). Es la primera vez que participa de un Encuentro. “Aquí se dice la verdad, uno no viene con invento, dice lo que conoce. En la vida del campo es muy importante la tierra. Y si la defendemos, es para algo bueno, para algo sano. Es para la familia, para nuestros abuelos, para nuestros hijos”, valora.
Salto participó del Encuentro con la bandera del MNCI en la espalda, junto a su hija y otras compañeras que viajaron con ella. Cuenta que el mensaje que fue a compartir con compañeras de otras provincias es lo que sucede en su territorio: las fumigaciones con agrotóxicos y los desalojos. “No podemos criar animales porque te los envenenan, no podemos poner una fruta o una verdura por el tema del veneno. Y si nos desalojan, ¿adónde vamos a ir? No queremos irnos, somos nacidos y criados en el campo”.
Al encuentro llevó su bandera y la realidad del lugar donde vive. Y vuelve a su casa, dice, “con muchos recuerdos de todo lo que se habló y de las compañeras que conocí”.
Encontrarse
Para poder viajar desde el departamento Figueroa (centro de Santiago del Estero), Vallejo y sus compañeras organizaron rifas y bingos para costear los pasajes, con premios que donaron los propios compañeros y compañeras. Además recibieron ayuda de la coordinación de la UTT para conseguir hospedaje y garantizar la alimentación. En su caso, también recibió la colaboración de ENI Argentina (Estrategia Nacional de Involucramiento de la Coalición Internacional por la Tierra – ILC). Los esfuerzos organizativos tuvieron el objetivo de llevar a Córdoba las dificultades que tienen las familias campesinas para construir soberanía alimentaria y producir agroecológicamente: la falta de políticas para el sector campesino y un contexto de beneficios al agronegocio y a las mineras.
Para ella, lo más significativo fue “poder poner en palabras y exponer nuestras vivencias como campesinas del interior del país, llevando la voz de la Secretaría de Mujeres Campesinas de la UTT”. Indica que fue clave mostrar que los problemas en el acceso a la tierra y al agua no pasan solo en Santiago del Estero, sino en las 20 provincias donde están organizadas. Además expusieron y pidieron apoyo para el proyecto de ley de Acceso a la Tierra que la UTT impulsa desde 2016. “Esto es indispensable para nosotras las mujeres, que somos las que menos acceso tenemos a la titularidad de la tierra”, remarca.
Mirtha Belizan también llegó desde Santiago del Estero e integra el MNCI. Vive a 50 kilómetros de Quimilí y se dedica a la producción de huevos. Considera que los encuentros las fortalecen para seguir más unidas. “Queremos nuestra tierra para tener nuestros animales y nuestros alimentos. Es la primera vez que venimos y al escuchar tantas tantas voces distintas, aprendemos y somos escuchadas”, expresa.
El deseo de ser escuchadas es también un mensaje para los gobiernos que hacen oídos sordos a la realidad de las familias campesinas y en particular de las mujeres y disidencias que trabajan la tierra. No solo porque desarticularon las políticas destinadas a la agricultura familiar sino también aquellas iniciativas que apuntaban a prevenir la violencia de género y a colaborar en la autonomía económica de las mujeres y disidencias sexuales.
“El Gobierno quiere desalojar a los pobres y tirarnos lejos. No le servimos a él, pero gracias a nosotros hay muchos pueblos que comen verduras, frutas. Así estamos y así estaremos: defendiendo nuestra tierra”, advierte. Agrega que viajó para estar más comunicada con “tantas compañeras luchadoras” y que aprendió también de ellas. Celebra la presencia de jóvenes que continuarán la pelea por el territorio.
Cristina Almirón también viajó desde Santiago del Estero. Este fue su primer encuentro. La motivó a asistir vivir la experiencia y tener nuevos aprendizajes.“Todas pasamos por lo mismo, traemos nuestras quejas y esperamos ser escuchadas”.
Si pudiera pararse frente a la multitud que asistió al Encuentro, en el escenario de cierre, la integrante del MNCI les diría a sus compañeras, las nuevas, las que conoció en estos tres días de vivencias compartidas: “Que tienen que tener firmeza, no tener miedo. Sentirse apoyadas, seguir la lucha y sobre todo no callar más”.
Si algo brinda cada Encuentro es la certeza de estar juntas en una cultura que apuesta cada vez más al individualismo. Es la posibilidad de saber que no se está sola ante la injusticia, que hay otras miles, anónimas, que desde los valles, la llanura o los ríos luchan contra el extractivismo, la precarización de la vida, la violencia que mata.
Lidia Furlani, campesina sanjuanina, es integrante de la UTT. Ve en los Encuentros de Mujeres y Diversidades la raíz de sus comienzos como militante organizada. Si bien participó en el Encuentro de San Juan en 2013, para ella los más significativos fueron los de Chaco (2017) y La Plata (2019). “En 2017 no participaba en ninguna organización y fui a Chaco medio sola, sumándome a un colectivo que iba desde San Juan. En La Plata, la masividad y el active me dio vuelta la cabeza y entendí que tenía que pertenecer a una organización que representara lo que yo hacía”, recuerda. Fue entonces que se sumó a la UTT.
“El encuentro genera una sensibilidad sobre participar de otras formas de organización. Cuando vas individualmente es una cosa. Al menos en mi experiencia, me hizo pensar que tenía que organizarme con otras personas”.
Llegó al Encuentro con la expectativa que genera la articulación con otras organizaciones campesinas. “Ese fue nuestro objetivo y volvimos con mucho entusiasmo por lo aprendido de las organizaciones hermanas. Y, en el caso específico de la soberanía alimentaria, dispuestas a seguir con acciones concretas en pos de esa lucha”, señala.
Se levantan las mochilas del suelo y poco a poco se desarma la ronda. El taller de Soberanía Alimentaria continuará más tarde, tal como lo prevé el cronograma. Mientras tanto, los pequeños encuentros del Encuentro continuarán en las ferias, en las actividades culturales, en el Pañuelazo por el aborto legal, en la Marcha contra los travesticidios, transfemicidios y transhomicidios y en la movilización de cierre. Allí habrá abrazos, charlas, nuevas compañeras y la complicidad de quien se sabe parte de un mismo movimiento. Un movimiento diverso y con tensiones que se encuentra para ponerlas en debate y para seguir proyectando el camino.
La soberanía alimentaria, del campo a la ciudad
Quizás lo más visible del Encuentro Plurinacional sea la marcha. Miles en las calles contra la violencia machista. Pero hay algo subterráneo, la raíz de cada Encuentro, que se forja en los talleres, donde se comparte la palabra de forma horizontal, donde se denuncian las injusticias pero también se piensan alternativas para enfrentarlas. En el Taller de Soberanía Alimentaria se discutió cómo hacer desde el campo y desde la ciudad para defender los derechos a la tierra, al agua, a la alimentación y la dignidad campesina.
Llorens indica que el hecho de que Córdoba haya sido sede del 39° Encuentro les permitió participar de la comisión organizadora (la que se ocupa de la logística en cada Encuentro), en diferentes comisiones y en representación de MNCI-ST y de la articulación de mujeres y diversidades de la CLOC. El MCC fue la única organización campesina que participó de la comisión organizadora. En ese marco, generaron pre-encuentros, por ejemplo en Serrezuela y en Cerro Colorado. “Fue muy potente para nosotras tener el encuentro en casa”, destaca.
Agrega que en el documento de apertura hicieron aportes sobre la sobre la necesidad de campesinizar la lucha feminista y sobre la importancia de la soberanía alimentaria para sostener otras soberanías. “Tuvimos tensiones porque algunas organizaciones todavía no entienden lo que es la soberanía alimentaria. Algunos feminismos todavía son ‘negacionistas urbanocéntricos’ porque creen que la soberanía alimentaria no es algo que les toca, que es una lucha campesina y no del campo y la ciudad”.
Como MNCI-ST participaron por primera vez del Encuentro en Trelew, en 2018. Relata que se sumaron a talleres como el de Ecofeminismo, “pero a veces las discusiones eran muy urbanas”. También participaron en los talleres de Mujeres Rurales, “pero hablaban más de las problemáticas de las cooperativas y no tanto de la agricultura familiar”.
Fue en Jujuy (2024) donde desde el MNCI-ST se propuso hacer un taller específico sobre soberanía alimentaria. Al año siguiente, en Corrientes, funcionó el taller Soberanía Alimentaria y Agroecología. Este año, la soberanía alimentaria se ligó en un mismo eje con la soberanía de la tierra y de los territorios. “Históricamente la defensa de la tierra y de los territorios estaba en el eje de pueblos preexistentes. Y para nosotros era importante que hubiera un eje que integre la lucha de los pueblos preexistentes por la defensa de sus territorios ancestrales, pero que también ponga en discusión sobre la tierra en un sentido más amplio”, señala.
En el contexto de la disputa actual por la extranjerización de la tierra, el eje de la soberanía alimentaria y de los territorios generó debates que articulan los conflictos campesinos e indígenas con la necesidad de pensar un modelo agrario y un modelo de distribución de la tierra. Para Llorens, desde Jujuy (donde no había ningún taller) a Córdoba, hubo un gran avance. “La realidad de quienes producimos alimentos y no commodities estuvo mucho más presente”, asegura.
La soberanía alimentaria es, según conceptualizó La Vía Campesina en 1996, “el derecho de los pueblos a alimentos saludables y culturalmente apropiados, producidos mediante métodos ecológicamente respetuosos y sostenibles, y su derecho a definir sus sistemas alimentarios y agrícolas“. Para eso es necesario el apoyo técnico y económico a las familias campesinas y el cuidado de la tierra y el agua.
Vallejo señala que la principal estrategia es generar conciencia sobre el consumo y la calidad de lo que comemos. “Tenemos que mostrarles a las ciudades que la comida y los productos artesanales con valor agregado que producimos las campesinas son totalmente sanos. Debemos hacer visible la diferencia entre nuestros alimentos agroecológicos y los productos ultraprocesados de las grandes corporaciones, que están llenos de conservantes, colorantes y saborizantes artificiales. Lograr que la ciudad apoye y elija al campesinado es clave para esta lucha“.
La falta de acceso a la tierra es uno de los grandes escollos para la soberanía alimentaria. Desde los desalojos con topadoras y quemas de casas en Santiago del Estero y en Misiones, hasta el costo del alquiler en el cordón hortícola de ciudades como La Plata a las dinámicas familiares que afectan particularmente a las mujeres en Cuyo. Así lo explica Furlani: “En San Juan no es tan típico el alquiler, sino que son tierras de familiares o de herencias viejas. Es una particularidad de la región cuyana. Pero las mujeres no somos titulares de esas tierras. En la línea familiar, terminan ocupando la tierra los varones, incluso aunque tampoco sean propietarios”.
La falta de acceso a la tierra hace que no sea posible sostener una familia solo con el trabajo en el campo, por eso las mujeres buscan otros empleos, como el servicio en casas particulares. Tampoco acceden a trabajos en grandes fincas de vid o de oliva porque son tareas culturalmente masculinizadas.
A eso se suma, en San Juan, la política estatal que desvaloriza la producción de alimentos que realizan las familias campesinas y prioriza la megaminería. Esta decisión política afecta el acceso a otro elemento indispensable para la producción y la subsistencia en el campo: el agua. “Sin la tierra y el agua no hay soberanía alimentaria. Son necesidades estructurales para que podamos seguir sosteniendo la vida”, señala.
De las conclusiones del taller, destaca la vinculación entre la soberanía alimentaria y el Buen Vivir. Pero marca que para eso es necesario gozar de derechos como la salud, la educación, la seguridad social. Y que el Buen Vivir no es algo individual, sino colectivo. Agrega que en el intercambio se vio con claridad que la soberanía alimentaria no es solo una problemática campesina. Mujeres que habitan las ciudades y que se acercaron al taller se involucraron en la necesidad de pensar estrategias para vincular la producción y el consumo creando nuevas redes de comercialización y consumo con mayor conciencia sobre un modelo alimentario justo, diverso y soberano.
De Córdoba a Capital Federal
La próxima sede del Encuentro será la ciudad de Buenos Aires. Así se resolvió por aclamación en el acto de cierre. “Veníamos desde el año pasado diciendo que teníamos que hacer un encuentro en CABA, disputarle a este gobierno hambreador y extranjerizador. Es estratégico porque va a generar una masividad de participación y es fundamental porque tenemos que ser muchas en las calles”, dice Llorens.
Vallejo se esperanza: “Espero que sea la oportunidad para que la gran ciudad finalmente mire al campo, entienda de dónde viene lo que consume y se solidarice con la lucha campesina por la tierra y la producción sana”.
La elección de la ciudad de Buenos Aires implica llevar el Encuentro más importante de las mujeres y diversidades sexuales al centro político del país en un año electoral, contra un Gobierno que es abiertamente antigénero. Furlani marca la necesidad de profundizar las demandas. “Algunos reaccionarios han dicho que las feministas nos pasamos tres pueblos. Creo que tenemos que redoblar la apuesta y pasarnos diez. Tenemos que imaginar cuestiones más grandes: una revolución, básicamente”, manifiesta.
Y señala: “Son horizontes que tenemos porque nos dimos cuenta de que nuestras democracias tienen que pensar qué pasa cuando los fascismos toman el poder. Esa es una construcción que merece mucho más tiempo y dedicación por parte de las organizaciones. Si bien puede haber un objetivo para el 2027, hay que redoblar cualquier apuesta que nos hayamos planteado”.
Cuando se le pregunta cómo sueña esa revolución, responde: “Tiene que ver con lo que las organizaciones ya vienen haciendo, cada organización a su modo, pero lo quisiéramos para todo el mundo. Queremos poder vivir en el campo, disponer de agua para nuestros animales, cuidar los lugares donde vivimos y que se den las condiciones mínimas para hacerlo. Volvemos a lo del Buen Vivir: deseamos que cada compañera pueda realizar su Buen Vivir del modo en que lo desee. Y con eso seríamos muy felices”.
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